Blog


 

Este es un espacio dedicado a compartir

aquello que voy escribiendo a través de la experiencia y formación.

Vivencias, emociones y reflexiones,

en este camino de crecimiento y aprendizaje.

Y más...

Orígenes y fundamentos del Movimiento Auténtico. Artículo de Karin Fleischer

Movimiento Auténtico
Sus raíces en dance/movement therapy y su evolución hacia una nueva conciencia colectiva
Karin Fleischer

Orígenes ­ Dance/movement therapy

Danza/movimiento terapia es definida por la Asociación Americana de Danza Terapia (ADTA) como "el uso psicoterapéutico del movimiento hacia la integración psicológica, física y emocional del individuo" (ADTA, 1985).
Uno de sus fundamentos básicos consiste en la interrelación entre los procesos físicos y los mentales, implicando la misma que un cambio en la actitud corporal puede conducir a un cambio correspondiente en la psique.
A través del reconocimiento del lenguaje del cuerpo y del movimiento, y trabajando desde la conexión entre cuerpo y psique, danza/movimiento terapia posibilita al individuo acceder a las fuentes de sus bloqueos y conflictos emocionales, y explorar modos más sanos de expresar sentimientos y emociones.
Con la base de este cimiento común, danza/movimiento terapia se ramifica en diversas orientaciones, interrelacionadas con diferentes corrientes psicológicas.
En este trabajo, hablaremos de una de estas orientaciones, llamada en la actualidad Movimiento Auténtico.

Movimiento Auténtico ­ Mary Whitehouse

Inicialmente esta disciplina fue llamada por su creadora, Mary Whitehouse, Movimiento en Profundidad. Bailarina contemporánea, docente y pionera en danza/movimiento terapia, Whitehouse estaba interesada en descubrir aquello que mueve a la persona desde adentro. Influenciada por sus estudios Junguianos en Zurich y por su propio análisis, se basó en la técnica de Imaginación Activa, creada por Jung para posibilitar el diálogo entre consciente e inconsciente, y expandió la misma, al incluir la dimensión del cuerpo, el movimiento y las sensaciones físicas.
A través del método de Imaginación Activa, Jung sugería a sus pacientes que al abrirse a las imágenes que emergían desde su interior, crearan un diálogo con las mismas, a través del dibujo o la escritura.
Mary Whitehouse alentaba a las personas a permanecer en silencio y en quietud, en actitud de espera atenta y alerta, y desde este estado abrirse, no solo a las imágenes sino también a las sensaciones físicas y a los movimientos que pudiesen emerger desde el inconsciente. Una vez que surgía el impulso, la persona debía seguirlo. El cuerpo guía y la personalidad acompaña, ya que como ella decía, "uno no puede guiar y seguir al mismo tiempo". El movimiento devenía de este modo, la manifestación visible de la dimensión invisible del ser. No era algo dirigido mentalmente o realizado automáticamente, sino que reflejaba la expresión genuina de un impulso originado en un plano psíquico que precede y trasciende la mente lógica y racional.

La estructura básica ­ Movedor y Testigo

La estructura básica que contiene la experiencia y el proceso de cada individuo está dada por la relación entre una persona que se mueve con los ojos cerrados, a quien llamamos movedor, y paciente en un contexto terapéutico, y una persona que mira, el testigo o terapeuta.
El movedor trabaja con los ojos cerrados, escuchando internamente, a la espera de imágenes, sensaciones, impulsos que puedan surgir desde su mundo interno. A medida que la mente se aquieta, experiencias originadas en diferentes niveles del inconsciente comienzan a manifestarse. Aspectos desconocidos, latentes bloqueados de uno mismo buscan salir a la luz del día, recuperar la propia voz, comunicar su presencia.
Mientras el/la testigo mira los movimientos, sonidos, silencios, quietud y escucha como los mismos resuenan en su cuerpo/mente. Al escuchar su propia experiencia, presta atención a los recuerdos, fantasías, pensamientos, sentimientos, imágenes, emociones evocados a partir de la acción o no-acción del movedor.
Janet Adler, discípula de Mary Whitehouse fue quien desarrolló más profundamente el rol de testigo. Adler (1987) expresa que "en un contexto terapéutico, el testigo es esencial. La presencia de otro cuando se está explorando lo desconocido es una respuesta a la necesidad humana de seguridad, contención, balance y/o mente objetiva".
Luego de este momento de escucha y exploración interior, el movedor puede trabajar con diversos medios expresivos: arcilla, dibujo, pintura, escritura, crear una danza, con la intención de dar una forma simbólica a la experiencia antes de continuar con el diálogo verbal. La posibilidad de dar forma al material emergente que aún no la tiene, es un aspecto importante de la práctica que ayuda a la integración del inconsciente y la conciencia.
Finalmente movedor y testigo comparten verbalmente sus experiencias. En esta disciplina, siempre el movedor habla primero si así lo desea, y a posteriori escucha la respuesta del testigo. El testigo habla a partir de su propia experiencia. El testigo puede experimentar fusión, diferenciación y complementariedad o unión con el movedor durante el trabajo. De este modo la respuesta puede tanto complementar la experiencia del movedor, como profundizar u ampliarla, pero nunca la invalida. El respeto por la experiencia del otro es esencial a esta nueva manera de comunicar.

Pasajes y Evolución

Los pasajes y la evolución de esta disciplina suceden a través de dos aspectos de la misma que están íntimamente ligados. Un aspecto implica la evolución desde una forma de trabajo individual hacia una forma de trabajo grupal. El otro aspecto se relaciona con el pasaje desde la experiencia como movedor hacia la experiencia como testigo, proceso que comprende a su vez el desarrollo del testigo interno.
Inicialmente el trabajo es individual. Una o varias personas se mueven en presencia de un testigo / coordinador / maestro / terapeuta.
Esta exploración del material proveniente del inconsciente, la posibilidad de descender en las profundidades y no profundidades de uno mismo constituye el inicio del proceso de individuación, definido por C. G. Jung como un proceso que permite ampliar la conciencia hacia la totalidad del ser.
Esta primera búsqueda o intención inicial puede originarse como respuesta a una pregunta básica y esencial que en algún momento de nuestras vidas, muchos de nosotros hacemos: ¿Quién soy?...
Preguntarme ¿quién soy? Abre la puerta a la posibilidad de des-cubrir viejas heridas, antiguas suposiciones, hábitos creados y es una oportunidad para sanarlos y transformarlos.
A través de esta autoindagación, el individuo va despertando a las diversas partes adormecidas de sí mismo y al ser mirado por otro con aceptación, sin juicios ni interpretación alguna, empieza a internalizar esta mirada de aceptación, encontrando en las antiguas heridas la fuente de nuevos aprendizajes.
De este modo comienza a desarrollarse internamente la presencia de un testigo interno, que refleja aquella voz que en un principio tiende a inhibir, a censurar, a exigir y lenta y paulatinamente aprende a recibir, a comprender y a amar.
Con el desarrollo y emerger del testigo interno, quien fue movedor puede ahora ser testigo de otro.
En la práctica esto se desarrolla a través del trabajo en díadas y tríadas. Implica el aprendizaje de un nuevo lenguaje, una nueva manera de comunicar, que reconoce el valor de la experiencia del otro y la propia necesidad de mirar cada vez con mayor claridad.
Janet Adler expresa que este momento significa una nueva vuelta de espiral,
"del mismo modo que originariamente el ser mirada/o por otra/o me permitió mirarme a mí misma/o como soy ... mirar a otra/o como es, me permite mirarme a mí misma/o como soy. Este es un mirarme diferente al anterior ya que no ha sido dado a luz por otro... este mirarme a mí misma/o nace de mí misma/o... de alguna milagrosa manera evoluciona desde el amar a otro, en lugar que desde el ser amado" (1987).

Es común la experiencia de profunda gratitud sentida por el testigo cuando comienza a indagar esta nueva forma de mirar y recibir la experiencia de otro.
Así, uno a uno, los diferentes miembros del grupo experimentan tanto el moverse como el mirar a otro en su experiencia.
Un nuevo pasaje refleja ahora el salto desde lo individual hacia lo colectivo.
En la práctica sucede a través de una forma denominada "gran círculo".
Siendo la esencia siempre la misma, la relación entre movedor y testigo, ahora todos los miembros del grupo comienzan como testigos sentados en un círculo, contemplando el centro vacío. Cada uno, según su tiempo y necesidad cierra los ojos cuando así lo desea y entra al centro a moverse. Y luego cuando así lo desea nuevamente abre los ojos y vuelve a ser testigo. A lo largo del trabajo, las personas entrar al centro y vuelven a la circunferencia del círculo cuantas veces quieran alternando en sí mismas la experiencia y el lugar de movedor y testigo. Rituales individuales y colectivos empiezan a emerger indicando una nueva instancia en el desarrollo de la conciencia individual y grupal.
A partir del contacto de cada una/o con su totalidad, una nueva totalidad es creada, aquella que nos comprende desde nuestra más genuina individualidad. La participación en esta totalidad no es inconsciente, la presencia de un testigo interno desarrollado a través de las etapas anteriores del trabajo, nos permite incluirnos en el grupo sin perder de vista nuestra necesidad esencial.
El proceso de individuación iniciado al comienzo de la práctica adquiere aquí un nuevo significado, la concepción de uno mismo se vuelve, una vez más, a resignificar ante la presencia de los demás. Sin embargo, la individuación es indispensable para poder descubrir, aceptar y respetar nuestro lugar en el colectivo grupal.
Janet Adler expresa que ahora nuestra tarea consiste en "integrar conscientemente a la totalidad lo recibido a través del proceso de individuación, encontrar el modo de ser únicamente nosotros mismos dentro de un círculo consciente, sagrado" (1996)

En Síntesis ...

Movimiento Auténtico como disciplina de autoindagación, es un camino posible hacia el encuentro de nuestras voces adormecidas, de nuestro potencial aún no descubierto, de nuestras heridas, nuestra fuerza, nuestra belleza, nuestro amor.
A su vez también nos señala que el encuentro con uno mismo, en nuestro presente no es suficiente, es necesario dar un paso más, un salto de conciencia hacia el aprendizaje de otra manera de relacionarnos, hacia la creación de una forma de pertenencia consciente, que nos devuelva un nuevo significado respecto a nuestro estar aquí, en la tierra, con otros.

"...estoy completamente de acuerdo con Thich Nhat Hanh cuando dice que el próximo Buda será la Sangha ­ la comunidad de practicantes. Debemos volvernos responsables de nuestra propia luz, nuestra propia sombra y dejar de proyectarla en otros. No necesitamos más dioses. Necesitamos ancianos y guías, maestras/os, terapeutas y testigos, rabinos y sacerdotes que nos ayuden a encontrar a los dioses dentro de nosotros mismos mientras transitamos el pasaje hacia una participación consciente en el cuerpo colectivo"
..............................................................Janet Adler, 1998

Bibliografía

Adler, J. 1987 Who is the Witness?. Contact Quarterly, Winter 1987
---------. 1996 The Collective Body American Journal of Dance Therapy Vol. 18, n°2. American Dance Movement Association. Presented as a keynote speech at the First International Dance/ Movement Therapy Conference 'Language of movement', Nervenklinik Spandau, Berlín, Alemania, 1994.
Geissinger, A. 1998 Interview with Janet Adler. A Moving Journal: Ongoing Expressions of Authentic Movement. Fall-Winter 1998.
0 comentarios

La Danzaterapia aplicada a familias

Entrevista realizada por Blanca Martinez Santa Cruz para el boletín AEMI, sobre mi trabajo de Danzaterapia con familias. "Danza Corazón".

 

https://docs.google.com/file/d/0B3EObiKP11tvVTk0Nk1GZzdVLVZ6a0E4SHNqcFp6Yk45UVNB/edit

0 comentarios

La relación con el otro. Un cambio de mirada en el trabajo con personas de diversas capacidades.

UN CAMBIO DE MIRADA...

La relación con el otro.

 

 

Cuando inicié mi primera temporada con el grupo de la Barceloneta, paralelamente estaba atravesando una formación en educación libre (una nueva mirada sobre la educación) que marcó un antes y un después en mi forma de percibir al otro. Su desenvolvimiento, el mío, la forma de acompañar de manera respetuosa,  de observarse, de soltar, de recibir y dar.
Y especialmente, de qué se trataba este dar, “ayudar” desde que lugar…?
Plantearme esta pregunta y observarme  me reubicó en mi camino profesional y personal.
 
¿Cuál es el significado de la palabra ayudar, qué lugar ocupa el que ayuda, y el que es ayudado? ¿Qué emociones, pensamientos y/o creencias vienen a uno cuando trabaja con personas con “discapacidad”?
Está claro que el tema es amplio, complejo y no se puede generalizar, pero en mi caso decidí tenerlo presente en mi camino y  este “ayudar” poco a poco se transformó en Acompañar.
Al acompañar siento que me relaciono de igual a igual con la otra persona, creamos un mismo ritmo y una misma dirección donde transitamos juntos, respetando nuestras posibilidades y limitaciones para conformarnos Uno. Y en este transcurrir me permito ser, vaciarme para estar en presencia junto al otro que soy yo. Y desde aquí, aporto mis experiencias como Danzaterapeuta. 
Esta es una de mis herramientas, algo de lo que aprendido en esta vida y lo comparto. Facilito momentos, creo espacios, guío y me dejo guiar. Ofrezco, al mismo tiempo que me nutro de la expresión que el otro me regala con su movimiento, permitiéndome ser testigo de su intimidad.
Entonces, ya no es ayudar al otro que “está mal”, que tiene limitaciones, todos las tenemos. Se trata de un ir y venir, de vidas en movimiento, de procesos mutuos, donde cada uno aprende y se desaprende a través de su cuerpo y en comunión con los demás.
 
Desde aquí, casi sin proponérmelo, fue el eje sobre el cual comencé a desarrollar el taller, para que la expresión del cuerpo fuese realmente un medio de integración, donde cada uno participaría desde dónde pudiera y como pudiera. Mis propuestas serían solo eso, propuestas, invitaciones para que el cuerpo entre en movimiento, pero no objetivos a cumplir o a evaluar.
El taller comenzó invitando al grupo a conectar internamente, a dejar y dejarse ser.
Sé que iniciábamos juntos un desafío donde el cuerpo y el movimiento eran la llave, la posibilidad de realizar un proceso de transformación dentro de un proceso de continuidad, que hoy seguimos llevando a cabo, hacia la evolución.
 
En todo este tiempo he observado aquello que el grupo representa para cada uno de los usuarios y para mí, la fuerza que esto tiene y las posibilidades de cambio que brinda.
El hecho de que cada persona participe desde sus posibilidades, físicas, emocionales, e intelectuales, considero que es la clave para un verdadero trabajo de integración, donde se respetan las particularidades de cada uno y se desarrollan sus capacidades llevando la mirada hacia el “Sí puedo”. También he podido ser testigo de las diferentes vivencias y logros que han alcanzado en lo que respecta al cuerpo, al desarrollo del movimiento, a la creatividad y expresión de sus emociones y a la relación con uno mismo y con los otros. Observar como fue transformándose su relación con el ritmo, con la música, como se fueron creando otros canales de comunicación no verbal, consolidando los vínculos,  relajando, confiando y abriéndose al encuentro con la vida, entre muchas otras cosas. 
Es muy interesante la posibilidad de que cada trimestre se acerquen a participar  otras personas y que se den cuenta que no vienen a “ayudar” o “estimular” a los otros, sino, a vivir su propia experiencia dentro de un grupo de personas con diferentes capacidades. Que no se trata de dirigir o intentar que hagan, se trataba de aceptar aquello que cada persona trae consigo, dejar Ser y compartir desde otro lugar.
 
Hoy se cierra una etapa, luego de cuatro años de mucho crecimiento. Todo lo vivido queda en nosotros, en nuestro cuerpo...
Gracias!
 
 

                                                                                                          
 
                                                            Erica Borzese Boshant
Psicopedagoga y Danzaterapeuta
 
 
0 comentarios

La educación emocional en los comedores escolares

 

 

LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

EN LA HORA DE COMEDOR Y PATIO EN LAS ESCUELAS.

 

Vivencias y Reflexiones

 

Las vivencias, reflexiones y propuestas que presento aquí, son parte del trabajo de profundización "La educación emocional en las actividades de tiempo libre dentro del ámbito escolar", enfocado a la etapa infantil, que realicé el año pasado como directora de actividades de tiempo libre,

Hoy quiero compartirlas con vosotros, para continuar propiciando la reflexión sobre la práctica educativa en este ámbito y promover la educación emocional comenzando por nosotros, los adultos.

 

................................................................

 

Hace algunos años que participo dentro de la comunidad educativa realizando mi trabajo como monitora de comedor y patio en diversos colegios concertados de la ciudad de Barcelona. Un rol que muchas veces es poco valorado, desde el cual sin embargo, se pueden observar y aportar muchas cosas en lo que refiere al desarrollo de los niños y niñas.

Como directora de actividades de tiempo libre, mi objetivo con este trabajo, es poder llamar a la reflexión sobre cómo es la práctica educativa dentro de la hora de comedor en relación a una verdadera educación emocional, tanto de los alumnos, como de los educadores que participan en su desarrollo y aprendizajes. Un tema que estando estrechamente relacionado con mi vocación y formación profesional, he decidido tocar, para que trascienda la triada profesor- alumno/a -aula y pueda llegar también al patio y comedor del colegio.

Hoy en día cada vez se habla más sobre inteligencia y educación emocional.

Es bastante la información teórica que puede encontrarse publicada y los proyectos y experiencias que se han realizado en el ámbito de la escuela. Mi intención en este caso, es centrarme en aquellas situaciones que hacen a la vida diaria en los comedores y patios de los colegios, un importante escenario donde se producen las emociones y relaciones sociales.

A través de mi experiencia en distintos centros, acompañando principalmente a niños y niñas de infantil y 1º ciclo de primaria, pude observar sus comportamientos y dinámicas, como así también, mi labor y la de muchos compañeros. Hablamos de educación emocional, pero considero que es importante replantearnos que les estamos ofreciendo a niños, niñas y adolescentes y de qué manera. Nuestra tarea como monitores en el tiempo libre creo que va más allá de aplicar conceptos, teorías, establecer normas y desarrollar dinámicas. Se trata de favorecer una educación integradora. En un sentido más profundo, se trata de la relación con uno mismo y con los demás

Cada día en el patio hay alumnos que juegan, se divierten, se expresan, están atentos a aquello que les interesa, se relacionan, se enfadan, se pelean, se callan, se reconcilian, se aíslan, se mueven, comparten, se organizan, demandan, se rebelan, lloran y más... Alumnos y alumnas con potencialidades, motivaciones, necesidades y personalidades diversas que buscan expresarse de una u otra forma. También observo que muchos, sin mostrar signos de empatía, en general se rigen por un mundo de normas y conductas que aplican de forma automática para no ser juzgados y castigados. Dicen "yo no fui" cuando una pelota accidentalmente le pega a alguien, piden perdón para salir del apuro, sin ni siquiera mirar al otro, repiten frases hechas para poder ser alumnos buenos y obedientes, dependen totalmente del adulto para que este les diga qué hacer o resuelva su conflicto, y en muchas ocasiones, ante el malestar se callan... Y observo a monitores y monitoras que gritan para que los alumnos hagan silencio y que se enfadan cuando estos no les hacen caso. Que limitan, presionan, exigen y parecieran no conocer otros modos que no sean la amenaza y el castigo, para cumplir su función. Y observo también a directoras que desde su rol de coordinadoras, bajan línea, haciendo cumplir a su equipo de trabajo las demandas y normativas de la empresa y escuela, perdiendo de vista el verdadero sentido de nuestra función como educadores.

En muchos casos, son empresas las que dirigen la actividad de comedor en las escuelas y elaboran un proyecto pedagógico que luego la coordinadora, adapta a su centro de trabajo y a su equipo de monitores. En general dichos proyectos incluyen objetivos, valores y principios que muestran un interés por el desarrollo de los alumnos y alumnas fomentando la adquisición de buenos hábitos de higiene, alimentación y conducta. El juego y la actividad física, las relaciones y habilidades sociales y el despliegue de la autonomía y la creatividad. Pero, ¿dónde queda la educación emocional cuando en la práctica pareciera que solo se trata de cumplir objetivos y lograr resultados respondiendo a las demandas de la empresa y la escuela? Coloco como ejemplo a los niños y niñas de infantil: dentro del comedor hay normas y reglas, una de ellas es mantener un tono de voz adecuado. Bien, pero no podemos pretender que haya silencio estando con aproximadamente ochenta alumnos de entre tres y cinco años, ni querer que estén quietos, coman todo rápido y no se distraigan. Muchas veces veo y escucho como desde el grito se impone silencio, como se presiona y obliga a los niños a que coman todo y hasta lo que no les gusta, como se les da de comer en la boca y se les llena de comida para que vayan más rápido, sin respetar sus propios ritmos y autonomía. A los alumnos de P5 se los reta o castiga cuando derraman agua de la jarra en un intento de lograr autonomía.

Es una norma que el agua la sirvan los monitores, no los niños. ¿No sería más positivo proporcionarles jarras más pequeñas para que puedan alcanzar su cometido y acompañarlos en esta tarea? Que en el comedor no se juegue es otra norma, cuando el juego es inherente a la vida y momento evolutivo de estos niños, cuando a través del juego se aprende. En el patio no pueden hacer esto por si se caen, no pueden hacer lo otro porque se rompe, ¿qué espacio se les ofrece para que puedan explorar, jugar y desarrollar sus capacidades? También, cuando toca hacer un juego o taller han de participar todos. ¿Y el interés de cada uno? Los conflictos entre alumnos los resuelven los monitores rápidamente, juzgando los hechos, obligando a pedir perdón y castigando al culpable. ¿Y si en vez de intervenir de esta forma favorecemos que ellos mismos resuelvan sus conflictos a partir de sus capacidades y modos? ¿Si los acompañamos y escuchamos para que puedan expresar algo de lo que les pasa y también ellos escuchar a sus compañeros...? Esto último requiere más atención y tiempo de nuestra parte, ser conscientes de nuestros propios patrones de pensamiento, de nuestros juicios y escuchar al otro. Y creo que es por este camino, donde podemos hablar de educación emocional.

 

Por supuesto esto es una generalización y por suerte también suceden otras cosas diferentes. Hay personas que intentan ofrecer lo mejor de sí, otras que buscan nuevas formas, toman consciencia, crean proyectos y se mueven siguiendo su vocación en pro de una transformación positiva para todos, pero seguimos siendo una minoría y muchas veces, somos quienes vamos contra la corriente dentro de la escuela. Mi crítica no va hacia las personas, sino hacia un sistema que necesita un cambio de paradigma (que poco a poco se está dando...). Creo que lo descrito arriba es parte de un síntoma que debemos reconocer dentro del sistema educativo del cual formamos parte, si queremos lograr un verdadero cambio. Son situaciones, que en mayor o menor medida, seguramente nos tocan de algún modo, porque tienen que ver con nuestra propia educación y lo que hemos aprendido. Señales que nos indican que algo no está funcionando y que es necesario una transformación.

Me ubico como coordinadora de comedor y me pregunto: dentro de las limitaciones y posibilidades que presenta el hecho de trabajar para una empresa que dirige la actividad y que responde principalmente a intereses económicos, muchas veces solapados bajo una imagen prometedora; y en una escuela concertada cuyas normas siguen las líneas de un sistema educativo tradicional, ¿qué puedo hacer yo como persona y educadora dentro de mi margen de acción? En primer lugar, es conveniente comenzar por uno mismo. Realizar una mirada interior para situarnos con respecto a nuestras propias emociones y habilidades para relacionarnos con los demás. Y desde aquí, transitar un camino de auto-conocimiento para reconocer aquellas conductas automáticas y transformarlas. Actualmente existen distintas metodologías que nos pueden ayudar en este proceso y técnicas que son muy útiles para trabajar con grupos.

Considero que solo desde el camino hacia nuestra propia madurez y consciencia emocional podemos promover la educación emocional en los demás. Se trata de crecer interiormente, no solo de implementar teorías, y esta oportunidad la tenemos a cada momento en nuestro trabajo con los alumnos, en la forma en que nos dirigimos a ellos, en nuestras intervenciones y en las posibilidades que les ofrecemos. Directores y monitores cumplimos un rol llevando a cabo determinadas funciones y tareas. Podemos plantearnos CÓMO queremos desarrollarlas, porque no existe solo una forma, y hay maneras de actuar y lograr objetivos respetando los procesos vitales y particulares de cada persona. Toda actividad depende de cómo la ofrecemos y considero positivo ir hacia un modelo global, relacional y vinculante, con un planteamiento educativo que esté abierto a la espontaneidad y así favorecer el desarrollo integral de los alumnos y alumnas.

Volviendo a lo dicho en el párrafo anterior, es importante observarnos y ser conscientes también de cómo llevamos a la práctica los objetivos y tareas programadas. Qué relación tenemos con la autoridad, cómo resolvemos los conflictos, marcamos límites, nos comunicamos con los alumnos y posicionamos frente a ellos, recordando que tenemos una responsabilidad como educadores. Estos temas podrían ser trabajados con el grupo de monitores, realizando el coordinador reuniones para hablar y reflexionar sobre las situaciones del día a día, aquello que generan, cómo se resuelven y con un apoyo también de determinada bibliografía que sirva de guía.

Considero necesario que se valorice en la escuela el momento de comedor y patio, tomando consciencia por parte de todos, de los importantes aprendizajes que se dan en estos espacios y que son parte esencial del desarrollo de los alumnos, ya que suele darse más relevancia a aquello que ocurre dentro del aula. Por ende, que también se valorice e integre la actividad de tiempo libre y la función educadora que monitores y coordinadores llevamos a cabo. Dado esto, desde la coordinación podría plantearse un trabajo en equipo con el grupo de profesores. Acercarse a aquellos interesados en un cambio y crear programas para implementar con los alumnos y solicitar cursos de formación para educadores a la escuela y empresa de Tiempo Libre.

 

Concluyendo, como directores y monitores de actividades de tiempo libre desarrollamos un importante trabajo al educar para la vida a niños, niñas y jóvenes. Dentro de la escuela, acompañando a los alumnos y alumnas en el horario de comedor y patio, somos partícipes de sus procesos de crecimiento y aprendizaje, en un escenario donde las relaciones sociales se despliegan con más espontaneidad. Por lo tanto nuestra función como educadores conlleva una responsabilidad de la cual debemos ser conscientes a todo momento. Si queremos promover la educación emocional ofreciendo a los alumnos herramientas y favorecer sus habilidades sociales, hemos de comenzar por nosotros mismos. Realizar una observación interna para reconocer en qué punto nos hallamos con respecto a nuestras propias emociones y cómo las gestionamos; para que al momento de intervenir no se produzcan una serie de reacciones automáticas y estereotipadas propias de mandatos externos y podamos actuar con consciencia para favorecer el buen desarrollo integral de los alumnos, respetando sus ritmos, necesidades vitales y particularidades.

Considero que es nuestra tarea también comenzar a movilizarnos para que esta labor sea cada vez más reconocida y valorizada dentro de la comunidad educativa. Desde la coordinación pueden plantearse nuevas metodologías, crear proyectos, presentar informes a la escuela que justifiquen la necesidad de cambios, acercarse a profesores para trabajar en equipo, solicitar espacios para la formación y realizar dinámicas grupales para favorecer la toma de consciencia y el desarrollo personal de todo el equipo. Todos, maestros, coordinadores y monitores, somos en parte responsables del desarrollo físico, mental, emocional y espiritual de alumnos y alumnas; como educadores que desde diferentes lugares, acompañamos e intervenimos en dicho proceso. Creo que el sistema educativo actual, tal y como está planteado, no educa a niños/as para que se transformen en adultos emocionalmente maduros capaces de pensar verdaderamente por sí mismos, y ésto repercute evidentemente a nivel social. Son las personas con vocación que quieren un cambio y buscan nuevas formas, las que trazan un camino diferente.

Como persona y desde mi labor profesional, es mi intención que cada vez seamos más quienes transitamos este nuevo camino que se viene construyendo y creo que el ámbito del comedor y el patio de recreo de las escuelas es un buen escenario para sembrar nuevas semillas, crecer y aportar nuestro grano de arena para la transformación social al servicio del bienestar de todos.

 

 

Erica Borzese Boshant

Psicopedagoga, Danzaterapeuta

Directora de actividades de tiempo libre

 

Marzo de 2014

 

 

 

 

 

 

 

3 comentarios

Testimonio de una usuaria sobre sus vivencias con la Danzaterapia

 

 

 

Cuando era pequeña el colegio me provocaba estrés. Los profesores hablaban y no me enteraba de nada. Lo mismo sacaba insuficientes como sacaba sobresalientes... 

 

Me gustaba bailar, era mi pasión. El ballet? un desastre...gira a la derecha y yo giraba a la izquierda...a veces no acababa de entender lo que se me explicaba...

 

Pero, daba lo mismo. Siempre he tenido y tengo en mi habitación láminas de las Bailarinas de Degàs. En casa bailaba y bailaba, encerrada en la habitación.

 

Quien no ha sido alguna vez Billy Elliot?

 

Es cierto que no soy Pavlova. Perdonen, ni lo soy ni lo quiero ser. Con los pañuelos de colores me relaciono con aquellos compañeros de colegio, con los vecinos, con los amigos y les bailo.

 

Bailo mis penas, mis alegrías, mis amores... a mi cabeza acuden colores. Tal vez, rojos, azules, amarillos o rosas...y emociones.

 

La primera vez que bailé acompañada de la música de Gladiator mi gran enfado por un amigo...creo que sólo llegué a balancearme, tapandome el corazón con las manos y los ojos cerrados...pero bailé. Al día siguiente, tenía una llamada perdida de él...

 

Mi trabajo es monótono y aburrido. Superior a mi...no sabía cómo vencer el tedio...bailé un mantra y me pareció que aquel ritmo lento y repetitivo era hermoso...

 

Miedos que he dejado sobre el parquet; depresiones que me hundían día a día y que el baile me dió la oportunidad de poner firmemente las manos en el suelo para no seguir cayendo y para tomar impulso y levantarme...

 

Amores que me han abandonado y a los que les he bailado; amores con los que bailo con los ojos cerrados...; o tal vez, de bailar con los ojos abiertos, observándome para aceptar mi cuerpo...

 

La danzaterapia me da la oportunidad de expresarme con el movimiento del cuerpo, de autoconocerme...nadie me juzga, ni yo misma; nadie me exige ningún movimiento que el que me sale sólo espontáneo...de andar despacio cuando el ritmo es enérgico; de hacer de mis limitaciones nuevas oportunidades...la propuesta de bailar Guillermo Tell tumbada en el suelo con las piernas al ritmo de la música y una espontánea coreografía de giro de piernas...fue un a manera distinta de bailar Can-Can "con las piernas hacia arriba" y qué bailarina no ha soñado con ello!!!

 

Gracias Erica por el trabajo tan minucioso que estás llevando a cabo.

 

Paz Carrasco

Abril de 2014

 

Gracias Paz!

 

 

 

 

 

0 comentarios