La relación con el otro. Un cambio de mirada en el trabajo con personas de diversas capacidades.

UN CAMBIO DE MIRADA...

La relación con el otro.

 

 

Cuando inicié mi primera temporada con el grupo de la Barceloneta, paralelamente estaba atravesando una formación en educación libre (una nueva mirada sobre la educación) que marcó un antes y un después en mi forma de percibir al otro. Su desenvolvimiento, el mío, la forma de acompañar de manera respetuosa,  de observarse, de soltar, de recibir y dar.
Y especialmente, de qué se trataba este dar, “ayudar” desde que lugar…?
Plantearme esta pregunta y observarme  me reubicó en mi camino profesional y personal.
 
¿Cuál es el significado de la palabra ayudar, qué lugar ocupa el que ayuda, y el que es ayudado? ¿Qué emociones, pensamientos y/o creencias vienen a uno cuando trabaja con personas con “discapacidad”?
Está claro que el tema es amplio, complejo y no se puede generalizar, pero en mi caso decidí tenerlo presente en mi camino y  este “ayudar” poco a poco se transformó en Acompañar.
Al acompañar siento que me relaciono de igual a igual con la otra persona, creamos un mismo ritmo y una misma dirección donde transitamos juntos, respetando nuestras posibilidades y limitaciones para conformarnos Uno. Y en este transcurrir me permito ser, vaciarme para estar en presencia junto al otro que soy yo. Y desde aquí, aporto mis experiencias como Danzaterapeuta. 
Esta es una de mis herramientas, algo de lo que aprendido en esta vida y lo comparto. Facilito momentos, creo espacios, guío y me dejo guiar. Ofrezco, al mismo tiempo que me nutro de la expresión que el otro me regala con su movimiento, permitiéndome ser testigo de su intimidad.
Entonces, ya no es ayudar al otro que “está mal”, que tiene limitaciones, todos las tenemos. Se trata de un ir y venir, de vidas en movimiento, de procesos mutuos, donde cada uno aprende y se desaprende a través de su cuerpo y en comunión con los demás.
 
Desde aquí, casi sin proponérmelo, fue el eje sobre el cual comencé a desarrollar el taller, para que la expresión del cuerpo fuese realmente un medio de integración, donde cada uno participaría desde dónde pudiera y como pudiera. Mis propuestas serían solo eso, propuestas, invitaciones para que el cuerpo entre en movimiento, pero no objetivos a cumplir o a evaluar.
El taller comenzó invitando al grupo a conectar internamente, a dejar y dejarse ser.
Sé que iniciábamos juntos un desafío donde el cuerpo y el movimiento eran la llave, la posibilidad de realizar un proceso de transformación dentro de un proceso de continuidad, que hoy seguimos llevando a cabo, hacia la evolución.
 
En todo este tiempo he observado aquello que el grupo representa para cada uno de los usuarios y para mí, la fuerza que esto tiene y las posibilidades de cambio que brinda.
El hecho de que cada persona participe desde sus posibilidades, físicas, emocionales, e intelectuales, considero que es la clave para un verdadero trabajo de integración, donde se respetan las particularidades de cada uno y se desarrollan sus capacidades llevando la mirada hacia el “Sí puedo”. También he podido ser testigo de las diferentes vivencias y logros que han alcanzado en lo que respecta al cuerpo, al desarrollo del movimiento, a la creatividad y expresión de sus emociones y a la relación con uno mismo y con los otros. Observar como fue transformándose su relación con el ritmo, con la música, como se fueron creando otros canales de comunicación no verbal, consolidando los vínculos,  relajando, confiando y abriéndose al encuentro con la vida, entre muchas otras cosas. 
Es muy interesante la posibilidad de que cada trimestre se acerquen a participar  otras personas y que se den cuenta que no vienen a “ayudar” o “estimular” a los otros, sino, a vivir su propia experiencia dentro de un grupo de personas con diferentes capacidades. Que no se trata de dirigir o intentar que hagan, se trataba de aceptar aquello que cada persona trae consigo, dejar Ser y compartir desde otro lugar.
 
Hoy se cierra una etapa, luego de cuatro años de mucho crecimiento. Todo lo vivido queda en nosotros, en nuestro cuerpo...
Gracias!
 
 

                                                                                                          
 
                                                            Erica Borzese Boshant
Psicopedagoga y Danzaterapeuta
 
 

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