La educación emocional en los comedores escolares

 

 

LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

EN LA HORA DE COMEDOR Y PATIO EN LAS ESCUELAS.

 

Vivencias y Reflexiones

 

Las vivencias, reflexiones y propuestas que presento aquí, son parte del trabajo de profundización "La educación emocional en las actividades de tiempo libre dentro del ámbito escolar", enfocado a la etapa infantil, que realicé el año pasado como directora de actividades de tiempo libre,

Hoy quiero compartirlas con vosotros, para continuar propiciando la reflexión sobre la práctica educativa en este ámbito y promover la educación emocional comenzando por nosotros, los adultos.

 

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Hace algunos años que participo dentro de la comunidad educativa realizando mi trabajo como monitora de comedor y patio en diversos colegios concertados de la ciudad de Barcelona. Un rol que muchas veces es poco valorado, desde el cual sin embargo, se pueden observar y aportar muchas cosas en lo que refiere al desarrollo de los niños y niñas.

Como directora de actividades de tiempo libre, mi objetivo con este trabajo, es poder llamar a la reflexión sobre cómo es la práctica educativa dentro de la hora de comedor en relación a una verdadera educación emocional, tanto de los alumnos, como de los educadores que participan en su desarrollo y aprendizajes. Un tema que estando estrechamente relacionado con mi vocación y formación profesional, he decidido tocar, para que trascienda la triada profesor- alumno/a -aula y pueda llegar también al patio y comedor del colegio.

Hoy en día cada vez se habla más sobre inteligencia y educación emocional.

Es bastante la información teórica que puede encontrarse publicada y los proyectos y experiencias que se han realizado en el ámbito de la escuela. Mi intención en este caso, es centrarme en aquellas situaciones que hacen a la vida diaria en los comedores y patios de los colegios, un importante escenario donde se producen las emociones y relaciones sociales.

A través de mi experiencia en distintos centros, acompañando principalmente a niños y niñas de infantil y 1º ciclo de primaria, pude observar sus comportamientos y dinámicas, como así también, mi labor y la de muchos compañeros. Hablamos de educación emocional, pero considero que es importante replantearnos que les estamos ofreciendo a niños, niñas y adolescentes y de qué manera. Nuestra tarea como monitores en el tiempo libre creo que va más allá de aplicar conceptos, teorías, establecer normas y desarrollar dinámicas. Se trata de favorecer una educación integradora. En un sentido más profundo, se trata de la relación con uno mismo y con los demás

Cada día en el patio hay alumnos que juegan, se divierten, se expresan, están atentos a aquello que les interesa, se relacionan, se enfadan, se pelean, se callan, se reconcilian, se aíslan, se mueven, comparten, se organizan, demandan, se rebelan, lloran y más... Alumnos y alumnas con potencialidades, motivaciones, necesidades y personalidades diversas que buscan expresarse de una u otra forma. También observo que muchos, sin mostrar signos de empatía, en general se rigen por un mundo de normas y conductas que aplican de forma automática para no ser juzgados y castigados. Dicen "yo no fui" cuando una pelota accidentalmente le pega a alguien, piden perdón para salir del apuro, sin ni siquiera mirar al otro, repiten frases hechas para poder ser alumnos buenos y obedientes, dependen totalmente del adulto para que este les diga qué hacer o resuelva su conflicto, y en muchas ocasiones, ante el malestar se callan... Y observo a monitores y monitoras que gritan para que los alumnos hagan silencio y que se enfadan cuando estos no les hacen caso. Que limitan, presionan, exigen y parecieran no conocer otros modos que no sean la amenaza y el castigo, para cumplir su función. Y observo también a directoras que desde su rol de coordinadoras, bajan línea, haciendo cumplir a su equipo de trabajo las demandas y normativas de la empresa y escuela, perdiendo de vista el verdadero sentido de nuestra función como educadores.

En muchos casos, son empresas las que dirigen la actividad de comedor en las escuelas y elaboran un proyecto pedagógico que luego la coordinadora, adapta a su centro de trabajo y a su equipo de monitores. En general dichos proyectos incluyen objetivos, valores y principios que muestran un interés por el desarrollo de los alumnos y alumnas fomentando la adquisición de buenos hábitos de higiene, alimentación y conducta. El juego y la actividad física, las relaciones y habilidades sociales y el despliegue de la autonomía y la creatividad. Pero, ¿dónde queda la educación emocional cuando en la práctica pareciera que solo se trata de cumplir objetivos y lograr resultados respondiendo a las demandas de la empresa y la escuela? Coloco como ejemplo a los niños y niñas de infantil: dentro del comedor hay normas y reglas, una de ellas es mantener un tono de voz adecuado. Bien, pero no podemos pretender que haya silencio estando con aproximadamente ochenta alumnos de entre tres y cinco años, ni querer que estén quietos, coman todo rápido y no se distraigan. Muchas veces veo y escucho como desde el grito se impone silencio, como se presiona y obliga a los niños a que coman todo y hasta lo que no les gusta, como se les da de comer en la boca y se les llena de comida para que vayan más rápido, sin respetar sus propios ritmos y autonomía. A los alumnos de P5 se los reta o castiga cuando derraman agua de la jarra en un intento de lograr autonomía.

Es una norma que el agua la sirvan los monitores, no los niños. ¿No sería más positivo proporcionarles jarras más pequeñas para que puedan alcanzar su cometido y acompañarlos en esta tarea? Que en el comedor no se juegue es otra norma, cuando el juego es inherente a la vida y momento evolutivo de estos niños, cuando a través del juego se aprende. En el patio no pueden hacer esto por si se caen, no pueden hacer lo otro porque se rompe, ¿qué espacio se les ofrece para que puedan explorar, jugar y desarrollar sus capacidades? También, cuando toca hacer un juego o taller han de participar todos. ¿Y el interés de cada uno? Los conflictos entre alumnos los resuelven los monitores rápidamente, juzgando los hechos, obligando a pedir perdón y castigando al culpable. ¿Y si en vez de intervenir de esta forma favorecemos que ellos mismos resuelvan sus conflictos a partir de sus capacidades y modos? ¿Si los acompañamos y escuchamos para que puedan expresar algo de lo que les pasa y también ellos escuchar a sus compañeros...? Esto último requiere más atención y tiempo de nuestra parte, ser conscientes de nuestros propios patrones de pensamiento, de nuestros juicios y escuchar al otro. Y creo que es por este camino, donde podemos hablar de educación emocional.

 

Por supuesto esto es una generalización y por suerte también suceden otras cosas diferentes. Hay personas que intentan ofrecer lo mejor de sí, otras que buscan nuevas formas, toman consciencia, crean proyectos y se mueven siguiendo su vocación en pro de una transformación positiva para todos, pero seguimos siendo una minoría y muchas veces, somos quienes vamos contra la corriente dentro de la escuela. Mi crítica no va hacia las personas, sino hacia un sistema que necesita un cambio de paradigma (que poco a poco se está dando...). Creo que lo descrito arriba es parte de un síntoma que debemos reconocer dentro del sistema educativo del cual formamos parte, si queremos lograr un verdadero cambio. Son situaciones, que en mayor o menor medida, seguramente nos tocan de algún modo, porque tienen que ver con nuestra propia educación y lo que hemos aprendido. Señales que nos indican que algo no está funcionando y que es necesario una transformación.

Me ubico como coordinadora de comedor y me pregunto: dentro de las limitaciones y posibilidades que presenta el hecho de trabajar para una empresa que dirige la actividad y que responde principalmente a intereses económicos, muchas veces solapados bajo una imagen prometedora; y en una escuela concertada cuyas normas siguen las líneas de un sistema educativo tradicional, ¿qué puedo hacer yo como persona y educadora dentro de mi margen de acción? En primer lugar, es conveniente comenzar por uno mismo. Realizar una mirada interior para situarnos con respecto a nuestras propias emociones y habilidades para relacionarnos con los demás. Y desde aquí, transitar un camino de auto-conocimiento para reconocer aquellas conductas automáticas y transformarlas. Actualmente existen distintas metodologías que nos pueden ayudar en este proceso y técnicas que son muy útiles para trabajar con grupos.

Considero que solo desde el camino hacia nuestra propia madurez y consciencia emocional podemos promover la educación emocional en los demás. Se trata de crecer interiormente, no solo de implementar teorías, y esta oportunidad la tenemos a cada momento en nuestro trabajo con los alumnos, en la forma en que nos dirigimos a ellos, en nuestras intervenciones y en las posibilidades que les ofrecemos. Directores y monitores cumplimos un rol llevando a cabo determinadas funciones y tareas. Podemos plantearnos CÓMO queremos desarrollarlas, porque no existe solo una forma, y hay maneras de actuar y lograr objetivos respetando los procesos vitales y particulares de cada persona. Toda actividad depende de cómo la ofrecemos y considero positivo ir hacia un modelo global, relacional y vinculante, con un planteamiento educativo que esté abierto a la espontaneidad y así favorecer el desarrollo integral de los alumnos y alumnas.

Volviendo a lo dicho en el párrafo anterior, es importante observarnos y ser conscientes también de cómo llevamos a la práctica los objetivos y tareas programadas. Qué relación tenemos con la autoridad, cómo resolvemos los conflictos, marcamos límites, nos comunicamos con los alumnos y posicionamos frente a ellos, recordando que tenemos una responsabilidad como educadores. Estos temas podrían ser trabajados con el grupo de monitores, realizando el coordinador reuniones para hablar y reflexionar sobre las situaciones del día a día, aquello que generan, cómo se resuelven y con un apoyo también de determinada bibliografía que sirva de guía.

Considero necesario que se valorice en la escuela el momento de comedor y patio, tomando consciencia por parte de todos, de los importantes aprendizajes que se dan en estos espacios y que son parte esencial del desarrollo de los alumnos, ya que suele darse más relevancia a aquello que ocurre dentro del aula. Por ende, que también se valorice e integre la actividad de tiempo libre y la función educadora que monitores y coordinadores llevamos a cabo. Dado esto, desde la coordinación podría plantearse un trabajo en equipo con el grupo de profesores. Acercarse a aquellos interesados en un cambio y crear programas para implementar con los alumnos y solicitar cursos de formación para educadores a la escuela y empresa de Tiempo Libre.

 

Concluyendo, como directores y monitores de actividades de tiempo libre desarrollamos un importante trabajo al educar para la vida a niños, niñas y jóvenes. Dentro de la escuela, acompañando a los alumnos y alumnas en el horario de comedor y patio, somos partícipes de sus procesos de crecimiento y aprendizaje, en un escenario donde las relaciones sociales se despliegan con más espontaneidad. Por lo tanto nuestra función como educadores conlleva una responsabilidad de la cual debemos ser conscientes a todo momento. Si queremos promover la educación emocional ofreciendo a los alumnos herramientas y favorecer sus habilidades sociales, hemos de comenzar por nosotros mismos. Realizar una observación interna para reconocer en qué punto nos hallamos con respecto a nuestras propias emociones y cómo las gestionamos; para que al momento de intervenir no se produzcan una serie de reacciones automáticas y estereotipadas propias de mandatos externos y podamos actuar con consciencia para favorecer el buen desarrollo integral de los alumnos, respetando sus ritmos, necesidades vitales y particularidades.

Considero que es nuestra tarea también comenzar a movilizarnos para que esta labor sea cada vez más reconocida y valorizada dentro de la comunidad educativa. Desde la coordinación pueden plantearse nuevas metodologías, crear proyectos, presentar informes a la escuela que justifiquen la necesidad de cambios, acercarse a profesores para trabajar en equipo, solicitar espacios para la formación y realizar dinámicas grupales para favorecer la toma de consciencia y el desarrollo personal de todo el equipo. Todos, maestros, coordinadores y monitores, somos en parte responsables del desarrollo físico, mental, emocional y espiritual de alumnos y alumnas; como educadores que desde diferentes lugares, acompañamos e intervenimos en dicho proceso. Creo que el sistema educativo actual, tal y como está planteado, no educa a niños/as para que se transformen en adultos emocionalmente maduros capaces de pensar verdaderamente por sí mismos, y ésto repercute evidentemente a nivel social. Son las personas con vocación que quieren un cambio y buscan nuevas formas, las que trazan un camino diferente.

Como persona y desde mi labor profesional, es mi intención que cada vez seamos más quienes transitamos este nuevo camino que se viene construyendo y creo que el ámbito del comedor y el patio de recreo de las escuelas es un buen escenario para sembrar nuevas semillas, crecer y aportar nuestro grano de arena para la transformación social al servicio del bienestar de todos.

 

 

Erica Borzese Boshant

Psicopedagoga, Danzaterapeuta

Directora de actividades de tiempo libre

 

Marzo de 2014

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Anna (viernes, 30 mayo 2014 00:36)

    Me ha encantado el artículo. Totalmente de acuerdo!!

  • #2

    alejandra (viernes, 30 mayo 2014 00:53)

    Genial! Me alegra ver que hay personas con verdadera vocación.

  • #3

    Johana Chester (viernes, 03 febrero 2017 09:02)


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